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Semana Santa - Artículos |
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Canción infantil para despertar a un niño tamborilero la mañana de Miércoles Había una vez un tamborilero que era del tamaño de una breve ardilla, su tambor se llamaba, “El Tambor Ligero” y sus dos palillos eran dos cerillas. Su túnica hecha con cuatro retales se la hizo la madre de un niño moreno, sus amigos eran niños y animales y un duende encarnado que era nazareno. El Miércoles Santo iban todos juntos, un ratón morado que era tobarreño, niños hellineros, linces vagabundos, un ogro asustado, un gigante pequeño, un lobito bueno y una bruja hermosa, un burro poeta nieto de Platero, una muñequita de esas de famosa, una niña rubia, hija de un torero, un búho caminante, la jefa de tropa de los Boy-Scout de un pueblo de Ontario, un vampiro abstemio, la sota de copas y un tipo corriente muy estrafalario. Niños de Oceanía, niños americanos, niños procedentes de la vieja Europa, niños del Polo Norte, niños africanos y los que vinieron del Asia misteriosa. Niños de la paz y niños de la guerra, niños del hambre y de los hospitales, niños del trabajo y niños sin tierra, niños de las minas y de los cafetales. Niños del pasado y niños del futuro reconfigurados por una misma brisa, niños del verano y del invierno duro hoy recuperados para la sonrisa. Vinieron también un ciervo extremeño, un gorila albino desde Cataluña, un gato con botas que era madrileño, un perro andaluz y un halcón de Iruña. Tambores azules, verdes y amarillos, niños de Las Cuevas, niños del Calvario, y en medio de todos el risueño Niño, Hijo de la Dulce Virgen del Rosario. Desde el Firmamento, mil niños alados les tiraban flores y un camión de sueños, y caramelicos, dulces y hasta helados fueron repartidos entre los pequeños. Y al final de un día de redoblar tanto, los niños, cansados, fueron a dormir y a soñar, viviendo y a vivir, soñando un Tambor y un Pueblo que se llama Hellín, y un mundo sin llantos, penas ni quebrantos. Y como las magias buenas nunca tienen fin, hoy cantan mi cuento y cuentan mi canto. Volveréis a verlos rondando el Jardín a las tres y pico en Miércoles Santo.
Juan Antonio Andujar Buendía
Artículo aparecido en el Número extraordinario de Semana Santa de EL DIARIO DE HELLÍN 2003 |
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