1 de Agosto de 2007

FE, RAZON Y LEY

Se crea un cierto malestar en el ambiente cuando quiere darse la impresión de que la Iglesia se opone a muchas cosas que son buenas para la ciudadanía y que ciertos medios y personajes de la vida pública se empeñan en resaltar.

Las palabras que pronunció el presidente Zapatero en la clausura del congreso de los jóvenes socialistas pueden ser una muestra de ello. Decía entre otras cosas con toda rotundidez y solemnidad que ninguna fe puede oponerse a las leyes dimanadas del Parlamento fruto de la soberanía popular. Hacía esta afirmación teniendo en cuenta el debate y a la vez el rechazo suscitado por la implantación de la nueva asignatura "Educación para la ciudadanía"

Toda fe, y por tanto, también la fe católica, debe aceptar la soberanía popular y el respeto por principio de la ley. Toda fe que se mueve en un contexto democrático debe saber cuales son sus derechos y obligaciones ante la ley. Esto no quiere decir que los creyentes deben firmar un cheque en blanco y aceptar a ciegas todas las leyes que dimanen del legislativo. Si hay leyes que chocan de frente contra el ser más intimo de un hombre o mujer de fe y su conciencia, si no quiere autodestruirse, tendrá que decir no.

Naturalmente cuando dice no, tiene que atenerse a las consecuencias de esta desobediencia. Eso ocurrió a esos bravos chavales que hace un tiempo decían no al servicio militar, pagaban su objeción de conciencia con toda seriedad.

Antífona, la heroína griega, dijo no a la ley de Agamenón que prohibía enterrar a los enemigos, afirmando que había una ley superior que le empujaba a enterrar a su hermano. Y lo pagó muy caro. En la historia de los mártires vemos cómo fueron capaces de decir no a lo que los tiranos les exigían y que ellos no podían aceptar. Hoy por esto los recordamos con admiración y cariño.

Santo Tomas decía hace ocho siglos que toda ley justa es un ordenamiento de la razón para el bien común. Estos son los presupuestos de toda ley. Cuando se percibe que una ley no es razonable ni va encaminada al bien común, ¿cómo puede aceptarse, así tal cual? El que pueda que lo haga y el que no, que actúe en consecuencia.

Difícil problema para ver qué es lo razonable y en donde se encuentra el bien común. Hace unos años el cardenal Ratzinger tuvo un debate con el filósofo más famoso de Europa, Habermas. Decía entonces el actual Papa que hay patologías en las religiones que la razón debe ayudar a esclarecer. Pero a veces también hay que amonestar a la razón cuando se sale de sus límites, y por tanto la razón debe prestar atención a lo que dicen las grandes tradiciones religiosas.

Así pues el futuro no está en contraponer fe y razón. Sino las dos juntas deben buscar un camino de entendimiento. La fe debe escuchar a la razón, esto es situarse en un estado laico y democrático; pero la razón legislativa debe tener en cuenta las creencias religiosas de sus gentes para no dar palos de ciego. De esta manera es como se pueden dictar leyes mas justas, que tengan más en cuenta el bien común para todos.

Manuel de Diego Martín

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