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6 de Agosto de 2007 |
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El ejército de Jackson «Un paso más allá de la afición conduce al fanatismo, y uno más, a la locura.» «El fanatismo es fiel reflejo de las personas que no tienen un porqué para vivir.» «El fanatismo es el deporte de la ignorancia.» «Del fanatismo a la barbarie solo media un paso.» - Denis Diderot Cuando decidí embarcarme en la noble profesión de la escritura, de antemano sabía que no sería empresa fácil, y que dependería en un principio -y quién sabe durante cuánto tiempo- de la bondad de los amigos y familiares dispuestos a darme un techo y un plato de comida para poder realizar con dignidad la vocación que tengo por las letras. También estaba plenamente consciente de que el oficio de la escritura me acarrearía un sinnúmero de enemigos, desde políticos hasta los novios de mis ex novias y amigas, quienes de vez en cuando tienen la gentileza de enviarme correos electrónicos donde detallan el procedimiento que utilizarán para cegar esta vida que tanto valoro y aprecio. En fin, gajes del oficio. Cuotas que uno esta dispuesto a pagar. Sin embargo, hay situaciones para los que creo ningún escritor está preparado. Y es que, ¿quién puede anticipar el verse de la noche a la mañana acorralado por una secta que le rinde culto a Michael Jackson? La semana pasada publiqué un artículo titulado «El autógrafo millonario», donde narré la historia de un singular personaje que creía ser Michael Jackson, y más de un lector tuvo la inquietud de escribirme preguntando si la historia era verídica, a lo que en respuesta no pude más que jurar por lo más sagrado que el relato era tan cierto como que es blanca la piel del señor Jackson. Lo curioso aquí es que por cada correo electrónico que se interesaba en saber la veracidad de la historia, llegaba el triple de mensajes escritos por ciertos inadaptados sociales que, indignadísimos e iracundos, en medio de todo tipo de (extraños) insultos me hacían saber que mis días están contados, pues de ninguna manera están dispuesto a tolerar que un hereje como yo se tomara la libertad de difamar a su dios, el ser supremo, Michael Jackson. Estoy atónito. Jamás imaginé que relatar una historia sobre un niño de mi escuela que imaginaba ser Michael Jackson me acarrearía amenazas de muerte, como tampoco me cruzó por la mente que existiera una secta que le rindiera culto a Michael Jackson. Aunque me parece un acto aberrante, puedo entender por qué los musulmanes fundamentalistas llevan años intentando asesinar al escritor indio-británico Salman Rushdie por publicar «Los versos satánicos» donde se atreve a cuestionar lo escrito por Mahoma en el Corán, o que el gobierno de México haya perseguido y privado de su libertad a la escritora y periodista poblana Lydia Cacho por publicar el libro «Los demonios del edén», donde denunciaba y relataba actos de pedofília de ciertos empresarios importantes, y aclaro, es fácil entender que si te metes con los musulmanes fundamentalistas acabarás tarde o temprano con una bomba en el culo, o que si ventilas las fechorías de los empresarios amigos de los políticos que manejan los hilos de este país de chupamedias terminarás tras la rejas. Eso lo sabe hasta el niño más tontorrón de una primaria: métete con los malos y atente a las consecuencias. ¿Pero, Michael Jackson? Vamos, uno espera que lo seguidores de Michael sean estrafalarios, un tanto chiflados, pero nunca violentos. Michael siempre ha predicado el amor (y, bueno, también ha predicado la locura, pero una locura más bien inofensiva), e incluso las incontables acusaciones de pedófila en su contra son difíciles de creer tan sólo remitiéndose a ver su aspecto, pues incluso un niño de tres años podría ponerlo fuera de combate con un sonajazo. No les voy a mentir, sé que esta historia de la secta de Michael Jackson es incluso más inverosímil que la historia de la semana pasada, pero les aseguro, es tan real como el miedo (¿qué digo miedo? ¡Terror!) que me invade cada que salgo a caminar al malecón. Los correos siguen y siguen llegando. Lo que en un principio creí como una gran oportunidad de darme a conocer en Latinoamérica gracias a ciertas páginas de Internet y periódicos de Sudamérica que tienen la bondad de publicarme, se ha convertido en la vitrina para que los michaeljacksonianos me tengan bien ubicado, pues resulta que esta secta está perfectamente estructurada, con sucursales en Perú, Chile, Argentina, México y sabrá Dios donde más. Y ese sabrá Dios donde más, seguro que incluye Campeche, lo cual me deja como un blanco fácil, metiéndome un miedo difícil de traducir en palabras, porque una cosa es que venga un esbirro de los políticos con navaja en mano y riz raz, me abra la garganta con todo profesionalismo y me aviente a los manglares, o que mi psicópata favorito, el bueno de Fernandín (alias anónimo, alias vendetta whit blood, alias the killer), drogado hasta la médula como es su costumbre, llegue por la espalda –porque es muy valiente- y me rompa la cabeza con un bate, pero lo que es un fanático de Michael Jackson, eso sí que te deja temblando de miedo, pues es imposible saber a qué atenerse. ¿Cuál será el método que utilizará esta organización para terminar con la vida de sus victimas? Lo ignoro por completo, pero sospecho que esta secta es como aquella pandilla de beisbolistas que salía en la película «Los Guerreros», sólo que en vez de cargar bates y estar maquillados como el grupo Kiss, mis probables asesinos estarán disfrazados de Michael Jackson y en vez de perseguirme por los bosques del Central Park lo harán por los arbolitos y los juegos infantiles del parque de Moch Cohuó al ritmo del paso lunar. Les aseguro que hoy sí que temo por mi vida –igual y se te adelantan, querido Fernandín-, pues de ahora en delante cada que un automóvil pase a un costado mío no podré evitar dirigir la mirada a las manos del conductor para ver si lleva un guante de diamantina y saber que ha llegado mi hora. Rodrigo Solís P.D. Para corroborar la existencia de la secta de Michael Jackson visita el blog: http://pildoritadelafelicidad.blogspot.com |
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