20 de Agosto de 2007

 Queremos ser felices  ¿en la facilidad o en la fidelidad?

Muchas veces  el Papa Benedicto habla en sus discursos  de cómo el mundo occidental rico vive en un tremendo materialismo hedonista y en un permisivismo a ultranza en el que todo vale.  En la raíz de todo  ello hay un profundo individualismo, en que cada quien piensa sólo en si mismo, lo importante es que uno sea feliz a costa de lo que sea,  y darle al cuerpo todo lo que nos pida, aquí y ahora.

Pasado mañana celebramos la fiesta de S. Agustín.  Este fue un joven tan supermoderno que también quería ser feliz a toda costa, aquí y ahora dando al cuerpo todo lo que le pidiese. Siendo un adolescente ya tuvo un chiquillo.   Su madre, que era una santa, no le permitió casarse con la amiga  pues veía en su hijo una cabra loca.

Agustín ya convertido, y después de haberse corrido un montón de juergas, se da cuenta del error en que estaba hundido. La felicidad no se encuentra en el cuerpo ni en darle todo  lo que este  locamente pida.  Dar rienda suelta a los instintos corporales es meterse en un abismo sin salida.  Dirá  en una  hermosísima frase que recoge el Catecismo de la Iglesia Católica: “el cuerpo vive del alma, y el alma vive de Dios”  Dicho de otra manera, si al cuerpo lo dejamos sin alma, y el alma queda alejada de Dios, el hombre está perdido, su vivir es un sinvivir a la deriva.   En este sentido  va también su  famosa frase por  todos  conocida: “Nos hiciste Señor para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en Ti”

Nuestro problema es querer buscar la felicidad del cuerpo sin tener en cuenta de que somos también alma. Bien, le damos todo lo que el cuerpo pida,   a tope, mientras aguante, y luego nos sentimos profundamente desgraciados  porque al alma la hemos dejado marginada, y ella nos está pidiendo a gritos  también otras cosas, y nosotros no empeñamos en  ignorarla.

Mucha gente cree que la felicidad radica en la facilidad.  Esto es fácil, es agradable, lo tienes al alcance de la mano y te metes en un tobogán de tener cosas hasta la locura.   Pero después de tener  todo esto, ves que algo más  te está faltando.  Pronto te das cuenta de que la  felicidad verdadera radica en la fidelidad, que nos llama a ser responsables con todo  nuestro ser.  La fidelidad radica en nuestra fe en Dios, que nos ha creado con un alma  que tiene sed de bien y de inmortalidad.

Así pues aprendamos a conjugar bien estas tres efes.  A modo de conclusión podemos decir que la  felicidad no está hecha de facilidades, sino de fidelidades.

Manuel de  Diego Martín

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