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31 de Agosto de 2007 |
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LA LECCIÓN DE UMBRAL
Es cierto que escribió intenso y extenso, lo expresó bien, generó estilo y puso señorío en el verbo a la hora de conjugarlo. El mejor homenaje, pues, sería redescubrirlo. Que se agotasen todos sus libros en las librerías. Que se desempolvasen las bibliotecas con la moda del Umbral. Me lo imagino con la risa burlona y el corazón hablando, sembrando justicia y tejiendo rebeldías, haciendo crítica y rehaciendo sueños. Su legado bien vale una vida digna, cuando menos se haría justicia literaria a quien fue un inventor de independencias. El inolvidable Umbral vivió enteramente consagrado a las Letras, se dejó la vida en ellas y se la jugo diciendo lo que pensaba, por eso no ha muerto, vivió al servicio de la palabra, con la palabra como imperecedero reloj de su tiempo. Los apóstoles de la metáfora fácil nos han anunciado que había fallecido con impresionantes titulares, los moradores de este mundo somos así de hiperbólicos, o lo convertimos en dios o en diablo, y yo pienso que Paco acaba de ofrecernos su último libro, el de la lección de la vida. Hasta el último soplo nos ha dejado un testimonio verdaderamente resplandeciente de luchador, por reconquistar en el mundo un lenguaje de entendimiento que a bien seguro le sacaba de sus honestas casillas. Nadie le callaba, ni tampoco le casaba ningún poder, tenía la fuerza del poeta a tiempo completo. En su decir como en su obrar, había literatura de combate contra el monstruo de la maldad. Me da la sensación que se liberaba, y a más de uno nos liberaba en ocasiones, con sus columnas periodísticas. Le llegó la muerte a Paco, es el final de la vida terrena, algo que nos llegará a todos, aunque esta sociedad prefiera tenernos entretenidos con cotilleos de poca monta para que no pensemos en ella, pero quedan muchas hojas impresas de su cultivado pensamiento, que bien puede ser cuando menos una reflexión. La hondura de sus ideas, que a mi juicio no están escritas como adoctrinamiento, sino como llamada a la verdad, como revulsivo de queja, permanecen vivas para lección del tiempo. Nuestras vidas, realmente, están medidas por ciclos, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de nuestra existencia. De poco sirven ahora cumplidos al muerto, ya sólo nos puede servir hacer silencio con lo que nos expresan sus obras, subrayar sentimientos y acordarse de él, convivir participando de su lenguaje que era, al fin y al cabo, el de entenderse y atender a los que nadie atiende (no son poder) o entiende por su altura de autenticidad. Víctor Corcoba Herrero |
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