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7 de Noviembre de 2007 |
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VENTANA AL MUNDO Manuel de
Diego Martín El testimonio de los mártires
Parodiando un poco este símil pudiéramos decir que la jornada vivida el pasado domingo en la Plaza de S Pedro en Roma ha sido la más alta ocasión que ha vivido la Iglesia española para hacer un apoteósico canto a los mártires de España del siglo XX, y desde la eternidad, que irradia esta ciudad santa, un canto a los mártires de todos los tiempos. Un canto de alabanza a todos aquellos que fueron fieles al seguimiento de Jesucristo hasta derramar su sangre. He tenido la suerte de vivir en Roma, como peregrino, este grandioso acontecimiento. Era sobrecogedor escuchar los nombres de los mártires y el de sus respectivas regiones. Todos los surcos de las tierras de España quedaron regados con la sangre de sus hijos. Tal como nos decía el Cardenal que presidió la celebración, en tiempos de laicismo, o de relativismos a ultranza, donde todo vale o todo da lo mismo, los mártires nos recuerdan que la conciencia y la libertad están por encima de todos los poderes de este mundo. ¡Qué canto más sublime el de los mártires para hacernos comprender lo grande que es la dignidad de la persona humana! El único absoluto es Dios. Los mártires se convierten en ese muro inquebrantable en el que se estrellan todas las voluntades humanas que rechazan a Dios y en consecuencia son capaces de arramplar con todos los valores que adornan a su más grande criatura, que es el ser humano. Los dictadores y tiranos de este mundo ante los mártires dan en hueso .Estos prefieren morir antes que negar. Eso sí, mueren con la paz en el corazón y el perdón en los labios hacia todos aquellos que les arrancaron brutalmente la vida. El Papa Benedicto desde el balcón del Angelus, recordando a nuestros mártires, nos animó a todos los españoles a ser santos, a saber vivir en la fidelidad a Dios cada día. Aún en medio de las contradicciones, de las dificultades, o de los martirios incruentos debemos tener el coraje de decir un sí de fidelidad a Jesucristo cada día.. Que los mártires, proclamados beatos el domingo pasado, que nuestro beato Fortunato, nos concedan vivir esta gracia que tanto necesitamos. |
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