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19 de Noviembre de 2007 |
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Rafael Toledo Díaz Campañas publicitarias La publicidad se come gran parte de nuestro tiempo, sentados frente al televisor, escuchando la radio y en gran parte de nuestro espacio de asueto, la publicidad nos invade, nos absorbe, nos atonta. Es un elemento imprescindible en la economía de mercado, imposible de eliminar. Cualquier cosa que signifique producto ha de ser publicitado. Aparte de las películas o programas de entretenimiento, la programación más sesuda, científica, las tertulias políticas, tienen uno o varios patrocinadores que pagan la producción. A cambio divulgan sus productos con anuncios eternos y repetitivos, que consumen tanto tiempo como el programa en si. Ver una película reciente o de interés, estrenada en la tele significa estar pegado al aparato, probablemente el doble de tiempo que dura el largometraje. Y lo que más me fastidia, cuando vamos al cine pagando una entrada nada barata, no hay quien se libre del atraco de soportar unos cuantos anuncios publicitarios muy subidos de decibelios. La publicidad básicamente debe sorprender, llamar la atención. Puede ser buena, mala, mediocre, repetitiva, breve, cansina, divertida, bonita, ingeniosa e incluso muchas campañas se sirven del escándalo para que a través del mismo, y retirada su exposición, se continúe promocionando el producto exhibido. La ONCE es una organización que suele cuidar mucho sus campañas publicitarias, su labor social se lo exige. Promocionando su cupón, de vez en cuando nos sorprenden con anuncios ingeniosos. En las últimas campañas un soporte importante de la misma suele ser el estribillo de una canción conocida o pegadiza. La más reciente utiliza un tema del cantante uruguayo Jorge Drexler. Sacado de su disco ECO la canción se titula "Todo se transforma" así dice el texto que utiliza el anuncio: Cada uno da lo que recibe/ y luego recibe lo que da/ nada es más simple/ no hay otra norma/ nada se pierde/ todo se transforma. La primera vez que escuché esta canción no pude por menos que retrotraerme a un tiempo escolar, donde con un lenguaje simple, el profesor nos explicaba la ley de Lavoisier, diciendo que para física y química: La materia o la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. La canción en particular y la campaña de la ONCE intentan trasladar este concepto a los sentimientos, a las emociones y darle una orientación más mística o espiritual. No en vano hay una corriente que aparte de las creencias religiosas y personales, abogan por una teoría sobre la redistribución de las energías positivas en función de las buenas acciones o buenos sentimientos que hemos aportado como individuos a esa hipotética gran bolsa de energía benefactora, que debe repartirse como una generosa lotería. El refranero es sabio y dice "Haz el bien y no mires a quien", también se insinúa este convencimiento en la parábola del sembrador, que siembra en terreno abonado para conseguir mejor cosecha. ¿Quién no ha pensado alguna vez, que la llamada suerte, sea un reconocimiento a la bondad de las acciones pasadas? Cualquiera merece después de una vida de trabajo, la recompensa del descanso y una pensión digna. Todos aquellos que se esfuerzan en la medicina, buscando vacunas, investigando en cualquier campo. También aquellos dedicados a las artes que nos hacen la vida más amable, merecen el reconocimiento de los premios, honrando una tarea que a veces, implica toda la vida dedicada a los demás. Cualquiera desea un golpe de suerte, o que la vida nos sea amable. Recientemente se ha aprobado el nuevo acuerdo de financiación de la Iglesia, aumentando el porcentaje que se aplicaba del 0,52 al 0,7 de todos aquellos marcaban la casilla apostando por el sostenimiento de la Iglesia en la Declaración de la Renta de las Personas Físicas, eliminando el suplemento adicional que el Estado aportaba a la misma, la Iglesia ahora por norma Comunitaria está sujeta al pago del IVA en la adquisición de bienes e inmuebles. Ante tales expectativas, y tratando de aumentar la parroquia y los ingresos, la Iglesia ha iniciado una campaña publicitaria invitándonos a marcar la casilla aludida. Para ello ha relajado la confrontación que mantenía con el gobierno por diferentes cuestiones, y que tan buenos resultados le han dado. Hace unos días un tertuliano explicaba que a pesar de la buena sintonía que tuvo la jerarquía de la Iglesia con el ejecutivo anterior, con la táctica del enfrentamiento y con el actual gobierno ha obtenido mejores resultados económicos. Prueba evidente es que todos se felicitan del nuevo acuerdo. Para esta campaña publicitaria la Iglesia nos enseña su lado más benéfico y comprometido con la sociedad, para ello ha dejado aparcada una aptitud que tan bien expresa el refranero: "A Dios rogando y con el mazo dando".Supongo que esta frase fue acuñada en los tiempos de expansión de las órdenes militares, ahora lo más consecuente sería decir: "A Dios rogando y Jiménez Losantos insultando". |
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