Con cuantas
personas hablan, al cabo del día, y notan cómo no hay nada que hacer,
porque es como si de una montaña se les hubiese puesto delante de sus
ojos, y no le dejara ver ni reconocer lo que hay detrás. Todo, bajo la
sombra del problema, tanto sea de desencantos, desamor, salud... no hay
otra cosa que les distraiga; no ven mas que una realidad escueta y sin
más allá.
Lo dicho, como si tuviesen una montaña delante de sí
mismos que les impide ver la vida que hay detrás, y no me refiero al
Cerro del Pino, sino a una cordillera, en algunos casos.
¡Qué solo te sientes al lado de una persona así; o
qué impotente! Muchas veces piensas: debo de ser invisible y no me ve,
porque escucharme ya sé que no lo hace. Pero puede verme a mí y a todo
un mundo esperando que les vea a ellos también.
Llegan a la creencia que lo que les pasa a ellos, es
lo peor, sin mirar al de enfrente, que, seguro podrían ayudarle. Todos
para todos, y a todos nos pasan la mismas cosas. No es sencillo vivir,
si esperas que sea el exterior el que te dé las razones para hacerlo, o
que tu calidad de vida sea como un anuncio de televisión para poder
sonreír y sentirte especial.
No hay que dejar que la montaña nos acorrale, sino
subirla y esperarla al otro lado.