|Portada| 24 de Marzo de 2008

La Semana Santa del 2008 se va en medio de las bajas temperaturas pero dentro de la gran pasión de toda una ciudad

...Y el viento se la llevó

EL DIARIO /M. G. La Semana Santa de Hellín se despidió ayer en medio de la participación y numerosa afluencia de público, los elementos que han sido la tónica generalizada a lo largo de estos días que se han vivido con mucha pasión, emoción e ilusión. Sin embargo, el protagonista en el epílogo final fue la climatología.

Y es que, en la ciudad se han vivido- también es mala suerte, exclamaba más de uno-las temperaturas más bajas de todo el invierno que ya ha concluido. El termómetro llegó a colocarse sobre los cero grados en la madrugada del Domingo de Resurrección o primeras horas de la mañana, de ayer lo que dibujó una estampa inusual en la última de la tamboradas.
En este sentido, el frío y el fuerte viento que comenzó a sentirse a primera hora de la tarde del Sábado de Gloria, cobró aún más virulencia por la noche, con la presencia incluso de la lluvia que cesó, pero no las bajas temperaturas que ya no se marcharían en toda la noche.

De esta manera, calles como El Rabal, Sol o Benito Toboso lucían un aspecto muy despejado en plena madrugada, y más aún cuando iba avanzando la noche. Las sedes o los bares que se hallaban abiertos se convirtieron en perfectos refugios de los tamborileros para salvar este hándicap.

Cualquier elemento de abrigo valía para poder estar en la calle y no perderse la última de las tamboradas, aunque también se pudo ver a más de un valiente con las mangas de la túnica remangadas y desafiando a todos los elementos de la naturaleza.

Camino del Encuentro

Sin embargo, las calles volvieron a cobrar vida coincidiendo con la salida de la Procesión desde la Iglesia de La Asunción hasta la explanada del Recinto Ferial, que durante unos segundos enmudeció ante el Encuentro del Resucitado y La Dolorosa.

Pilar García, una de las componentes de La Dolorosa, fue la encargada de arrebatar el puñal a la imagen que en su día creó Coullaut Valera, la piñata se abrió y redoblaron los tambores en señal de júbilo.

Luego comenzó el último de los desfiles procesionales en medio del numeroso público que aguardó pacientemente el paso de los cientos de tamborileros que precedían a las cofradía y hermandades que participaron, a pesar del fuerte viento y de la lluvia que se hizo notar en la recta final de la Procesión, cuando La Dolorosa aguardaba en las escalinatas de la Iglesia la llegada del espectacular Resucitado a hombros de sus costaleros.

La tímida lluvia cesó y, a continuación, tuvo lugar el desfile de las distintas bandas de cornetas y tambores, desde el Jardín Martínez Parras, discurriendo por la calle Sol, El Rabal y Benito Toboso, como punto y final a una edición que será recordada por la enorme participación, la brillantez de todos los actos que se han celebrado y la ausencia de incidentes de consideración.

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