EL DIARIO /M. G. El Obispo de la Diócesis de
Albacete, Ciriaco Benavente, junto a otras autoridades
eclesiásticas, civiles y políticas, entre ellas el alcalde, Diego García,
inauguró y bendijo el pasado fin de semana la nueva Iglesia que se ha
terminado de construir en el Convento de Las Clarisas
La nueva capilla es una nave de 25 metros de larga, por
doce de ancha. Está edificada sobre unos cimientos sólidos, con una
estructura de hierro, junto a un revestimiento en el techo de madera
rústica, con unas vigas laminadas, de unos trece metros.
Esta situación forma unos ángulos que dan origen a tres
perspectivas. El coro alto se halla a mitad de la Iglesia, proporcionando
toda una visión de madera, con unos capisteles sencillas.
A partir de ahí se diseña otra perspectiva, formando otro
ángulo donde se dibuja la parte del presbiterio, que consta de un semiábside,
con seis columnas: entre cada una de ella, dan luz a ese presbiterio, unas
vidrieras con las seis santas principales de la Orden de Santa Clara.
El presbiterio
El presbiterio consta de tres escalones para poder ver de
manera diáfana las celebraciones; un altar con tres medias cañas de mármol
verde; y en el interior, un Sagrario instalado en otra media caña de mármol,
empotrado en la pared y consiste en una réplica de la Porcíncula,
la primera Iglesia donde nace la Orden Franciscana
Encima del sagrario se encuentra el cristo de San
Damián, que fue el que convenció a San Francisco de Asís para que
iniciara su andadura de conversión a favor de los pobres y leprosos.
A derecha e izquierda aparecen San Francisco y
Santa Clara, dos tallas policromadas, junto a la Inmaculada,
patrona de la Orden.
Un panel de tablas
Da luz a la Capilla un panel de tablas, de con lo más
representativo de la vida de Santa Clara. La primera de ellas,
Domingo de Ramos, cuando ella recibe la palma y se decide a seguir las
huellas de San Francisco; en la segunda, aparece el corte de los
cabellos y la consagración de Santa Clara.
La tercera tiene que ver con la bendición de los panes,
que recuerda cuando el Papa visitó a las lermanas, le pidió a Santa Clara
que bendijera la mesa y, milagrosamente, en cada pan se grabó la señal
de la cruz.
Otro episodio refleja cuando Santa Clara, al sacar
la custodia, salva a Asís de la invasión de los bárbaros. Existe una
cruz en forma de Tau, que es una representación del cántico del hermano sol,
acompalado del agua, las flores, la luna o las estrellas. La última escena
es el tránsito de Santa Clara a su muerte, con las hermanas y la
Virgen que la reciben.
También se han colocado los antos franciscanos: San Antonio de Padua,
San Buenaventura y San Bernardino de Siena. En la vidriera principal a
la entrada de la puerta, aparece una figura de Santa Clara, con el
manto abierto, acogiendo a una serie de hermanas como protectora de la
Orden.